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VALS CON BASHIR

10 Feb, 2009 | Publicado por Laura Rico Caballo | Categorías: Animación, Biografía, Bélico, Cine, Drama, Social |

Director, guionista y productor Ari Folman.

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Animación Bridgit Folman Film Gang.

Director de animación Yoni Goodman .

Jefes de animación Tal Gadon, Gali Edelbaum.
Animadores Neta Holzer, Asenath (Osi) Wald, Sefi Gayego, Orit Shimon, Zohar Shahar
Lilach Sarid, Barak Drori.
Animación 3D Asenath (Osi) Wald.
Director artístico David Polonsky.

Grafistas Michael Faust, Asaf Hanuka, Tomer Hanuka, Ya’ara Buchman.
Efectos especiales Roiy Nitzan.

SINOPSIS:
Una noche, en un bar, un viejo amigo cuenta al director Ari que tiene una pesadilla recurrente en la que le persiguen 26 perros. Cada noche, el mismo número de animales. Los dos hombres llegan a la conclusión de que tiene que ver con una misión que realizaron para el ejército de Israel durante la primera guerra con el Líbano a principios de los años ochenta.
Ari se sorprende ante el hecho de que no recuerde nada de ese periodo de su vida. Intrigado, decide ver y hablar con viejos amigos y antiguos compañeros dispersados por el mundo entero.
Necesita saber la verdad acerca de ese periodo y de sí mismo.
Ari escarba cada vez más y sus recuerdos empiezan a reaparecer mediante imágenes surrealistas…

COMENTARIO

Nominada al Oscar 2009 y Globo de Oro a la mejor película de habla no inglesa, es el último trabajo del director, guionista y productor israelí Folman (Made in Isrm02ael, Clara Hakedosha).

La película, rodada inicialmente en vídeo y montada como un largo de 90 min. del que surge un storyboard con 2.300 dibujos, se ha sometido a un proceso de animación especial, mezcla de animación Flash, animación clásica y animación 3D, de la mano del director de animación Yoni Goodman y del director artístico David Polonsky.

VALS CON BASHIR, está construida alrededor de las conversaciones que el director mantiene con amigos y antiguos compañeros del ejército, y retrata, mediante impactantes dibujos, la fragilidad de la memoria y la complejidad del olvido.

“Es mi historia personal. La película empieza el día en que descubrí que algunas partes de mi vida se habían borrado de mi memoria. Los cuatro años que trabajé en VALS CON BASHIR me provocaron un violento trastorno psicológico. Descubrí cosas muy duras de mi pasado y, sin embargo, durante esos cuatro años, nacieron mis tres hijos. Puede que lo haya hecho para mis hijos. Para que, cuando crezcan y vean la película, les ayude a saber escoger, a no participar en ninguna guerra. La búsqueda de recuerdos traumáticos enterrados en la memoria es una forma de terapia. La terapia duró lo que la producción de la película: cuatro años. Durante este tiempo, pasaba de la depresión más absoluta, fruto de los recuerdos que me volvían a la memoria, a la euforia más desbordante por hacer una película de animación innovadora, que iba mucho más rápido de lo que había esperado. Si fuera un loco de la psicoterapia, diría que realizar la película me ha transformado profundamente”.

Curiosamente fue el ejército el que quiso destapar esta memoria de Folman. Al llegar a los 40 años, el director quiso cursar baja en la reserva a la que debía pertenecer hm06asta los 50. Esto se le concedió a cambio de participar en un ensayo psicológico que consistía en 8 sesiones con psicoanalista en la que se le preguntaba por los recuerdos de su experiencia en la guerra.
Es a partir de estas sesiones cuando el director se encuentra por primera vez, intranquilo y decide empezar a comentarlo con sus antiguos compañeros del ejército para profundizar y encontrar ¿la paz? ¿la verdad?

Es éticamente dudoso este experimento en el que un especialista provoca “serios trastornos psicológicos” a alguien que había utilizado sus estrategias adaptativas para olvidar. Como bien le indica otro amigo suyo, psicólogo, la memoria no nos trae sólo lo que ha sucedido. La memoria inventa donde encuentra huecos, si así lo necesita. Es muy difícil saber cuándo nuestros recuerdos nos están abriendo un camino hacia la verdad y cuándo están creando para nosotros la historia que demandamos o la historia que tememos.

Tras el tema de la memoria, está el papel que, como militar, le toca jugar en la guerra del Líbano a principios de los años ochenta. Esos días de guerra son descritos así por la producción de Vals con Bashir:

“En junio de 1982, el ejército israelí invadió el sur del Líbano como represalia por los continuos bombardeos infligidos a las poblaciones del norte de Israel desde aquel país. El gobierno israelí pensaba ocupar una franja de seguridad de 40 kilómetros, impidiendo así que los misiles palestinos alcanzasen Israel. Pero Ariel Sharon, el entonces ministro de Defensa israelí, desarrolló un plan tan imaginativo como fantástico: se trataba de ocupar Líbano hasta el mismo Beirut. Eso permitiría a su aliado cristiano Bashir Gemayel convertirse en presidente del Líbano, así como erradicar la amenaza al norte de Israel y consolidar sus posiciones contra Siria, país fronterizo con Líbano y que Israel siempre ha considerado como su peor enemigo. El gobierno aprobó una penetración de 40 km de profundidad, pero el ejército israelí se lanzó hacia Beirut.

A la semana habían tomado Líbano y estaban a las afueras de Beirut. Pero entonces surgieron varias preguntas: ¿Qué hace el ejército en una capital extranjera, lejos de su casa? ¿Por qué mueren soldados israelíes a diario en acciones bélicas que poco tienen que ver con la protección de la frontera norte de Israel?…”

¿Líbano o Gaza? ¿Los mismos errores una y otra vez? ¿Paranoia irresoluble? Para el director, la guerra es inútil, y en ella todos pierden algo:

“He rodado VALS CON BASHIR desde el punto de vista de un soldado cualquiera, y solo puede concluirse que la guerra es terriblemente inútil. No tiene nada que ver con las películas estadounidenses. No tiene nada de glamouroso ni de glorioso. No son más que hombres muy jóvenes, que no van a ninguna parte y que disparan contra desconocidos, les disparan desconocidos, y que vuelven a su casa intentando olvidarlo todo. Algunas veces lo consiguen. Pero no ocurre en la mayoría de los casos”.

En España, el director ha cerrado la promoción de la película y tiene ya experiencia con cómo ha sido recibida. Lo curioso es que no imaginó la actitud que Israel tomaría hacia ella. Así, antes de estrenarla comentaba:

“No es ninguna noticia para los israelíes decirles que la invasión de Beirut oeste en 1982 era inútil y no servía de nada. Es una enorme mancha negra en nuestra historia. Incluso estoy dispuesto a apostar a que Ariel Sharon, actualmente en coma, habría dado lo que fuera para reescribir la historia e impedir esta expedición sin sentido que tanto defendió. Por ese lado, no creo que nadie diga: “¿Cómo se atreve a decir que no debimos estar?”. La película carece de momentos gloriosos. Todas las personas entrevistadas son más bien antihéroes, excepto uno, el periodista Ron Ben-Yishai, pero no es un soldado”.

Hoy, en Madrid, el director explicó que el éxito en Israel ha sido asombroso. Los políticos dicen que les gusta, y ello le sorprende notablemente. Folman cree que es una especie de demostración de liberalidad que aporta la imagen de gobierno abierto a la discusión y a todas las posturas.
Por otro lado, de cara a la opinión pública europea, el director cree que los políticos entienden que sirve para “convencer” de que Sabra y Chatila no fueron “culpa” israelí, y eso es útil para la política exterior. Este es el punto más negativo que encuentra en su distribución por los países árabes que, no obstante, la han recibido con expectación positiva. De momento, los países del Próximo Oriente sólo la han visto en pases privados, pero ya es firme el acuerdo comercial para que sea distribuida por los países islámicos. Los palestinos han tenido también un pase especial, gestionado por la productora francesa, de notable interés. Será una buena noticia que debatan en torno al cine en lugar de con las armas.

Para Folman, su película no es una revisión histórica. Es su visión de un capítulo de la historia de Israel en el que él participó como individuo y en el que sufrió:
Pretendo decir la verdad, pero es la verdad del director. Es una película absolutamente subjetiva. No hay nada que hacer. Siempre ocurre así, hagas lo que hagas”.

De hecho, aunque se presentó como la primera película documental de animación, él preferiría, ahora, presentarla como un film de animación sobre un hecho biográfico singular. Aun así, sabe que comparte sentimientos y experiencia con muchos otros israelíes que fueron soldados y a duras penas pueden hablar de ello, pues no saben qué sentir alrededor de una guerra confusa, en la que en ocasiones, como se comenta en la película, los recuerdos sobre los guetos germanos de sus padres se parecen demasiado a lo que ven en los campos de refugiados palestinos. Si este parecido no les asalta en la vida cotidiana, lo hace en lo subconsciente, según le indican los expertos en la película.

Son curiosas las confluencias con otra cinta, “Persépolis“, que el año pasado, presentada por Francia, fue favorita en los Oscar. Una animación en la misma linea o próxima, autorelato de tiempos de juventud y de un pasado socialmente crudo en la historia más reciente de Oriente: Iran y Israel. Personas maduras que ajustan cuentas con sus circunstancias a trvés de la animación filmica y con la distancia que ello pone respecto a la “insoportable” realidad.

Folman afirma haber hecho una terapia, autoterapia, en el proceso de desarrollar su película (4 años). También los sentimientos colectivos y los pueblos hacen sus terapias con sus conflictos. El arte es un excelente instrumento para ello. El cine lo es, filmar y ver.

Hace pocos meses nos sorprendía otro director judío, Eran Riklis, con “Los limoneros”. En ella se describe un conflicto de vecinos en la frontera Israelí-Cisjordana, y se adentra en los sentimientos de absurdo, pérdida y soledad de ambas partes. Hay elementos comunes en ambas películas: directores israelíes, que atienden a los temas pendientes que les siguen, mcartely se atreven a cuestionarse cosas sin dejar de sentirse ciudadanos de Israel. Coproducciones entre varios países, que permiten un equilibrio en la mirada del film. Pases en centros óptimos para el debate y la confrontación dialéctica. Películas inteligentes, pero aptas para todos, que pretender mostrar emociones y retratar una situación compleja para la que ninguna parte, siendo sinceros, tiene una solución perfecta (sin pérdidas). Películas que evitan juzgar pero no esconden las repercusiones que tienen sobre los pueblos la locura del desencuentro permanente y la privación de esperanza.

VALS CON BASHIR parte como favorita en la carrera hacia los Oscar en la categoría de mejor película de habla no inglesa, y tiene dos nominaciones a los premios Bafta como mejor película de animación y mejor película de habla no inglesa.

Estreno el viernes 20 de febrero.

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