Título Original: How green was my valley
Nacionalidad: EE.UU.
Año: 1941
Director: John Ford
Guión: Philip Dunne
Reparto: Waltr Pidgeon, Donal Crisp, Roddy McDowall y Maureen O’ Hara.
SINOPSIS:
Una serie de acontecimientos producidos en un pueblo galés del siglo XIX vistos desde la perspectiva de una de las familias que allí habitan, en concreto desde los ojos del benjamín de la misma.
COMENTARIO:
Me resultaría desleal frente al lector no avisarle antes de leer esta crítica que mi objetividad cinematográfica respecto a la película comentada es absolutamente nula. La considero y la he considerado siempre (desde que la vi) como la mayor obra maestra del cine universal. Por decirlo de otra manera, para mí, fue John Ford el primero en filmar lo que yo sentí. Supo plasmar mis pensamientos incluso antes de que éstos fueran míos.
Intentar explicar QUÉ VERDE ERA MI VALLE, sería como explicar una ópera de Wagner, podríamos resumir el argumento, hablar de la puesta en escena y de las interpretaciones durante horas, pero no serviría de nada porque sólo se puede entender viéndola. John Ford prescinde de una línea argumental definida para así poder hundir sus pensamientos en el espectador, provocando en él una serie de emociones de alguna manera irracionales. Al atacar directamente al subconsciente humano, dos personas cuyos puntos de vista en cualquier otro tema serían extremadamente diferentes, coinciden en el valor de la película, porque aunque sus intelectos no se parezcan en nada, las emociones y los sentimientos son comunes a todos los humanos. La familia, el amor y la muerte son los cimientos sobre los que se construye la película y estas realidades no clasifican ni encuentran diferencia alguna entre los hombres pues les afecta a todos de una manera u otra. La película es un clásico, en el sentido de que es atemporal y que no pasa de moda , sin embargo, es importante destacar que es la última película que John Ford realizó antes de servir en la marina durante la Segunda Guerra Mundial, lo que la sitúa en un momento de extrema controversia pero refuerza el mensaje de la misma. Los tiempos de guerra suelen ir acompañados de grandes artistas, como decía Orson Welles en EL TERCER HOMBRE: “Italia, durante treinta años, bajo los Borgia, tuvo guerras, terror, asesinatos y derramamiento de sangre…, pero produjo Miguel Ángel, Leonardo da Vinci y el Renacimiento. En Suiza tuvieron amor fraternal, quinientos años de democracia y paz. ¿Y qué produjo? ¡El reloj de cuco!”. Nunca he creído en la distinción entre los críticos y el público, porque considero que los críticos son parte del público aunque muchos no quieran serlo. Esta película gustó, gusta y gustará para siempre, no por su calidad técnica, por sus increíbles interpretaciones o por la perfecta dirección de John Ford, sino por los valores que transmite. No podemos permitir que películas como esta caigan en el olvido, porque si lo consentimos el cine se quedará cojo y aunque exista gente que quiera amputar esa pierna me gustaría recordarles que los amputados sienten dolores, calambres y hasta cosquillas, en la pierna que ya no tienen.
Terminaré recordando a Jean Cocteau hablando de Proust: “Su obra continuaba viviendo como los relojes de pulsera de los soldados muertos”.
Rodrigo Ruiz-Gallardón





1 comentarios:
Después de leer esta magnífica crónica me muero por ver la película, enhorabuena al crítico, porque para John Ford ya llego un poco tarde,
Reyes
Publicar un comentario en la entrada