| | Duración: 90 minutos. |
Los aficionados al cine contemporáneo español recordarán el excelente documental de José Luis Guerín ‘En construcción’ (2001). Guionista y montador de sus trabajos, además de director, Guerín vuelve a centrarse en ‘En la ciudad de Sylvia’ (2007) en la contemplación y la prolongación en el tiempo de los planos, pero a diferencia del anterior trabajo, esta última película se aleja del realismo que caracterizó “En construcción”, que narraba desde los mismos andamios, cámara en mano, la transformación del Barrio Chino de Barcelona, hoy Raval, centrándose durante dos años en la obras de rehabilitación de una barrio marcado por la marginalidad y la ausencia de medios.
En esta nueva película el protagonista observa bellas jóvenes en el café de la Escuela de Arte Dramático mientras dibuja bocetos de sus rostros. Una de estas mujeres (Pilar López de Ayala) le llama la atención más que el resto y se decide a seguirla por todo Estrasburgo.
Cuando Pilar López de Ayala no sale en pantalla el nivel del metraje disminuye porque la interpretación de Xavier Lafitte es algo inferior. El joven poeta y dibujante se aisla del mundo, sentado en el café, y lo que el contempla es excesivamente idílico, alejándose de la temática intrínseca del documental.
La ciudad de Estrasburgo es la tercera protagonista, aquí si podemos reconocer al Guerín que retrató el Raval de Barcelona.
La crítica social se cuela en una cinta que se completa con un excelente trabajo en las mezclas de sonido. Las imágenes no quieren ser un instrumento al servicio de la narratividad, sino un valor por sí mismos, y eso exige del espectador una máxima concentración en los detalles, una atención casi litúrgica, casi sagrada. Sólo el planteamiento de filmar esta historia merece pagar la localidad, porque recuerda a Truffaut, y se llega a tocar el cielo del cine.
Pilar López de Ayala resulta perfecta para el papel pues resalta de nuevo por su consustancial dignidad ante la cámara.
Los escasos 83 minutos de duración logran momentos grandilocuentes aunque, a veces, también, excesivamente contemplativos.
Su brevedad es una muestra de que Guerín sabe ceñirse a lo relevante de su historia y ha logrado la que es, con diferencia, su mejor película.
En esta nueva película el protagonista observa bellas jóvenes en el café de la Escuela de Arte Dramático mientras dibuja bocetos de sus rostros. Una de estas mujeres (Pilar López de Ayala) le llama la atención más que el resto y se decide a seguirla por todo Estrasburgo.
Cuando Pilar López de Ayala no sale en pantalla el nivel del metraje disminuye porque la interpretación de Xavier Lafitte es algo inferior. El joven poeta y dibujante se aisla del mundo, sentado en el café, y lo que el contempla es excesivamente idílico, alejándose de la temática intrínseca del documental.
La ciudad de Estrasburgo es la tercera protagonista, aquí si podemos reconocer al Guerín que retrató el Raval de Barcelona.
La crítica social se cuela en una cinta que se completa con un excelente trabajo en las mezclas de sonido. Las imágenes no quieren ser un instrumento al servicio de la narratividad, sino un valor por sí mismos, y eso exige del espectador una máxima concentración en los detalles, una atención casi litúrgica, casi sagrada. Sólo el planteamiento de filmar esta historia merece pagar la localidad, porque recuerda a Truffaut, y se llega a tocar el cielo del cine.
Pilar López de Ayala resulta perfecta para el papel pues resalta de nuevo por su consustancial dignidad ante la cámara.
Los escasos 83 minutos de duración logran momentos grandilocuentes aunque, a veces, también, excesivamente contemplativos.
Su brevedad es una muestra de que Guerín sabe ceñirse a lo relevante de su historia y ha logrado la que es, con diferencia, su mejor película.





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